Momentos
“Hay momentos en la vida en que una sola decisión, en un solo instante, cambia irremediablemente el curso de las cosas. Cuando decides disparar a alguien, cuando decides quererlo, o no quererlo. Cuando decides seguir adelante; cuando decides mentir, traicionar, ocultar o cruzar la línea. Esa décima de segundo puede hacer girar todo al lado oscuro o inundarlo de luz. Podrá hacer de tí un héroe, o un criminal. Podrá llevarte al cielo o al infierno; pero siempre será un lugar desde el cual no podrás volver atrás.”
Una vida sin ti
Hace un par de días, mientras disfrutaba de una semana en la playa cerca de Alicante, tuve la suerte de ver una película que me hizo pensar bastante, pero poco recomendable para los no amantes de la ñoñería y similares; se trata de “Mi vida sin mi” La película trata de una mujer joven, felizmente casada y con dos niñas a la que se le diagnostica un cáncer terminal. A partir de ahí, ella decide callar su enfermedad y hacer una lista con todas aquellas cosas que le gustaría hacer antes de morir. Por ello, yo también me decidí a hacer una lista similar:
- Viajar a sitios lejanos, preferentemente a Japón y al Círculo Polar Ártico.
- Comer y beber todo lo que me apetezca.
- Aprender a decir te quiero más veces.
- Dar un paseo nocturno que comience más allá de la medianoche con alguien especial.
- Pasar una noche en el desierto bajo las estrellas.
- Decir lo que pienso sin miedo a lo que piensen.
- Tener hijos, no muchos.
- Aprender a cocinar bien.
- Darme un baño de noche.
- Montar en barco en un crucero.
- Volver a encontrarle el gusto a leer, escribir, tocar o cantar.

Y sobre todo…ser feliz, muy feliz.
“Un día te das cuenta de que tu vida ha sido un sueño y acabas de despertar” (“Mi vida sin mi”, Isabel Coixet)
Segundas oportunidades
¿Cuántas veces os habeis planteado si realmente la vida nos da segundas oportunidades en algunas cosas?
Oportunidades para viajar. Oportunidades para cambiar de empleo. Oportunidades para independizarte, o para volver. Oportunidades para llamar a ese/a amigo/a que hace siglos que no ves. Oportunidades para rectificar todo aquello que no te gusta de todo en general. Oportunidades para dejar atrás el pasado. Oportunidades para ser uno mismo; para amar, para ser feliz.
Yo lo vi claro cuando aquel día, a eso de las dos y media del mediodía. Le vi aparecer por en medio del patio. No tenía ni idea de como se llamaba; no sabía si estaría comprometido o no; no estaba segura de que le gustasen las tías como yo, ni siquiera sabía que narices hacía hablando con él. Era un tío impresionante físicamente…o eso creía en ese momento, porque hacía cosa de dos meses mi corazón, mi mente y mi vida estaba llena por otra persona que se atrevió a marcharse lejos. Y en su huída se llevó todo; mi corazón, mi mente, y hasta mi vida.
Pero en esa mañana supe que la vida me estaba dando una oportunidad para reinventarme en forma de chico de 25 años. Le vi fijar sus ojos en los míos mientras hablábamos repetidamente, como invitándome a seguir hablándole más y más veces, yo también quería seguir haciéndolo…sabía que por ese tío volvería a encontrar todo lo que me habían quitado, lo que había perdido en el camino…
Y no desaproveché mi oportunidad esa vez…
“El buscador”
Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador… Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda. Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por ocmpleto una especie de valla pequeña de madera lustrada. … Una portezuela de bronce invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción: Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años… Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. – No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?. El anciano se sonrió y dijo: – Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré… Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgado al cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de allí,, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado… a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? … Y después … la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? … ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo … ? ¿Y el casamiento de los amigos … ? ¿Y el viaje más deseado … ? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano … ? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…. ¿horas?, ¿días? … Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos…. cada momento. Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de los disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO
(“El buscador” Jorge Bucay)
…de noxe, siempre de noxe…
De noxe, siempre de noxe. De noxe los gatos son pardos; la luna sale sin tener un duro y a mi, me viene la inspiración.De noxe, porque es el final del día, pero la antesala de un amanecer. Todo acaba, pero siempre aparece un comienzo nuevo y brillante. La noxe es oscura, enigmática, elegante, divertida, sorprendente, confusa…lo peor o lo mejor de la vida te puede pasar de noxe; incluso a veces tenemos miedo a algunos amaneceres.
De noxe, sí; porque yo soy como la noxe; ambigua, transitoria, y sí, algo melancólica también.
¿Quieres escuchar mis historias? Quédate pues; siéntate y ponte cómod@, estás en tu casa. Pero nunca nunca te duermas… ella no te lo perdonaría
